Allende López: "La inclusión no debe ser un fin, sino un medio"
Allende López es Directora de Cultura de la Fundación AMÁS Social, gestora cultural, pedagoga terapéutica y asesora de inclusión. Con una extensa experiencia en impulsar oportunidades de inclusión para las personas con discapacidad intelectual en la industria cultural, le preguntamos sobre accesibilidad y cultura.
- Eres una experimentada asesora de inclusión, ¿cuáles son las labores de una asesora de inclusión? ¿Con qué desafíos trabajas a diario?
Creo que la principal misión que tenemos como asesores de inclusión es asegurar que se comprende qué significa verdaderamente este término. Considero la inclusión como una relación multidireccional en la que no hay “incluyentes” e “incluídos”, sino en la que se establece una sinergia global en la que todos aportamos y todos ganamos. Como asesora de inclusión en proyectos de la industria cultural, trato de hacer comprender que la inclusión no debe ser un fin, sino un medio. Una herramienta que aporta valor a lo que queremos contar o a cómo queremos contarlo.
El desafío es que las entidades comprendan que la inclusión no es sólo un compromiso social, es algo que aporta valor a lo que hacen, un “win-win” que puede elevar sus proyectos a lugares donde nunca antes habían llegado.
- ¿Qué aporta a la sociedad la participación plena de las personas vulnerables en los espacios y propuestas culturales?
La diversidad enriquece, el mundo es diverso, la sociedad es diversa, así que, por lo tanto, la representación ciudadana en la cultura ha de serlo también, pues será la única manera de ser fieles a la realidad. Si no construimos una cultura “de todos” y “para todos” nos estaremos perdiendo algo. La participación de toda la representación ciudadana enriquecerá las propuestas culturales y el discurso de las mismas y nos hará comprender lo que hasta ahora nos era ajeno, sin duda, esa es una grandísima aportación que solo obtendremos teniendo en cuenta toda la diversidad social.
- ¿Cuál es la diferencia entre una cultura accesible y una cultura inclusiva? ¿Son sinónimos?
No necesariamente. Entiendo que esto puede generar debate y opiniones encontradas, puesto que no hay una definición global. Desde mi punto de vista, una cultura accesible es aquella que reúne todas las condiciones en su entorno, su contenido, su producción, su espacio o sus servicios, entre otros, para que pueda ser utilizada o consumida por cualquier persona, independientemente de sus necesidades. Una cultura inclusiva, en mi opinión, es aquella que cuenta con la diversidad en su discurso, en su puesta en marcha, en su producción, en su ejecución y que refleja, desde ahí, esa realidad concreta.
Por poner un ejemplo práctico, aunque podría haber muchos matices y debate sobre ello, una producción accesible podría ser aquella que se realiza en un entorno sin barreras arquitectónicas, con audio descripción, bucle magnético o intérprete de lengua de signos; y una producción inclusiva sería aquella en la que, entre su equipo artístico, creativo o de gestión y producción, encontráramos a profesionales con diversidad funcional.
Lo ideal sería que , algún día, encontráramos una programación cultural accesible e inclusiva sin distinciones, que se convirtiera en la oferta absolutamente normalizada y cotidiana.
- ¿Qué valoración haces, en términos de inclusión y accesibilidad, de la industria cultural actual? ¿Cuál crees que son las urgencias a hacer frente como sector para democratizar el derecho de acceso a la cultura de todas las personas?
En materia de accesibilidad, creo que tenemos una urgencia en el sentimiento de pertenencia que tienen los colectivos vulnerables de la oferta cultural. No la reclaman, no la consumen, no la utilizan… porque sienten que esta programación “no es para ellos”, no les pertenece. Y creo que esto se debe al hecho histórico de que siempre ha sido así, de que, por todo tipo de cuestiones de accesibilidad, la agenda cultural ha estado (y está) muy alejada de las necesidades de estos colectivos y, de tanto tiempo sin poder acceder a la misma, han dejado de sentirla suya. Creo que debemos reconciliar al sector social con la industria cultural y para ello es urgente que la accesibilidad de esta programación se convierta en una realidad global y no en hechos aislados y concretos, de unos días y unos horarios puntuales.
En cuanto a la inclusión, creo que la participación de personas diversas en la programación cultural ha ido en aumento en los últimos años, pero creo que aquí la urgencia la tenemos en el acceso a la formación reglada de personas en situaciones de vulnerabilidad. Si no eliminamos esta barrera, será complejo contar con profesionales formados que representen a toda la realidad social.
- ¿Cuáles son los principales prejuicios del sector cultural profesional ante la profesionalización de personas con discapacidad?
Creo que en este terreno hemos avanzado mucho en los últimos años, gracias al trabajo que han venido desarrollando las grandes estructuras de la industria cultural, como el Centro Dramático Nacional. No obstante, creo que el principal prejuicio viene causado siempre por la incertidumbre y el desconocimiento, incluso a veces, por no saber cómo articular un proyecto inclusivo o accesible. Al final, todo vuelve a ser un problema de comunicación intersectorial.
A esto, se le suma, como mencionaba antes, las dificultades de acceso a la formación artística y técnica con las que se encuentran las personas en riesgo de exclusión social. Barreras que suelen tener que ver con lo económico, lo académico, lo accesible… y que es necesario que trabajemos en ellas, para poder contar con profesionales de estos sectores que representen también a los colectivos.
- Escribes en tu descripción de Twitter: “Por una Cultura de todos, para todos”. ¿Cómo imaginas esa Cultura, que escribes con mayúscula?
Con esto, trato de reflejar esa diferenciación que existe para mí entre la CULTURA INCLUSIVA (“De todos”) y la CULTURA ACCESIBLE (“Para todos”). Creo que es un lema que define mis metas como gestora cultural y agente social, construir ese paradigma en el que todas las personas encuentren cabida en nuestro entramado cultural participando de ella como quieran, a cualquiera de los niveles, como espectadores, como creadores, como profesionales técnicos… pero siempre estando presentes donde lo deseen, como ciudadanos de pleno derecho.
- Tras esta conversación, ¿por qué crees que hace falta un programa como Acerca Cultura Madrid?
Porque creo que es imprescindible que la industria cultural y el sector social se sienten a dialogar, y eso es lo que hace ACERCA CULTURA, establece una relación real y directa entre unos y otros. Se han hecho ya muchos proyectos que han promovido la participación de colectivos en riesgo de exclusión en la creación o el consumo cultural, pero rara vez se han hecho de la mano de ambas estructuras. A día de hoy, las entidades sociales y los agentes culturales aún no se han escuchado y han intentado crear soluciones particulares a un problema que es global, y así no funciona. La respuesta a las necesidades está precisamente en la intersección de ambos sectores, en la escucha activa entre lo que unos necesitan y lo que otros pueden ofrecer. ACERCA CULTURA trabaja precisamente en esa intersección, no lo hace de manera aislada con los espacios culturales y el sector social, sino que desarrolla su acción en la mediación entre unos y otros y es, en ese diálogo, donde se encuentran las soluciones para la participación plena y real de estos colectivos en nuestra cultura.
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