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Hacia un modelo catalán de acceso individual a la cultura

Por Sònia Gainza, directora - fundadora de Apropa Cultura
Sònia Gainza

En Apropa Cultura hace casi veinte años que trabajamos para garantizar el derecho en la cultura de las personas en situación de vulnerabilidad. Lo hemos hecho principalmente de la mano de entidades sociales y de salud, facilitando el acceso a actividades culturales en grupo. Pero hoy nos encontramos ante un nuevo reto: ¿cómo podemos llegar también a aquellas personas que no forman parte de una entidad, que viven situaciones de pobreza, soledad o exclusión social, y que querrían disfrutar de la cultura de manera autónoma, con su pareja, un amigo o su familia? 

Con esta pregunta de fondo organizamos el pasado mes de junio, en L'Auditori, una jornada de trabajo con unos cuarenta profesionales de los sectores cultural, social y de la salud. El encuentro tenía un objetivo claro: inspirarnos en experiencias europeas consolidadas y empezar a imaginar qué necesitaríamos para construir un modelo catalán de acceso individual a la cultura. 

Para hacerlo contamos con dos iniciativas especialmente inspiradoras. Desde Berlín, el proyecto KulturLeben hace dieciséis años que facilita el acceso individual a espectáculos y actividades culturales para personas en situación de vulnerabilidad. Desde Finlandia, Kaikukortti ha creado una red de centenares de equipamientos culturales que ofrecen acceso gratuito a través de un sistema específico dirigido a personas con dificultades económicas o sociales. Ambas experiencias comparten una misma idea: la cultura es un derecho y hay que eliminar las barreras que impiden el ejercicio efectivo. 

Más allá de las ponencias, el valor principal de la jornada fue el diálogo. Las mesas de trabajo pusieron de manifiesto que cualquier iniciativa futura tendrá que ser un proyecto compartido entre cultura, servicios sociales, salud y comunidad. No se trata solo de facilitar entradas, sino de construir alianzas, generar confianza y crear itinerarios que acompañen a las personas antes, durante y después de la experiencia cultural. 

Otra conclusión importante es que no existe un único perfil de persona destinataria. Las situaciones de vulnerabilidad son diversas y requieren respuestas flexibles. Algunas personas necesitarán información; otros, acompañamiento; otros, simplemente una oportunidad para sentirse bienvenidas. Esto nos obliga a pensar en mecanismos de acceso, mediación y fidelización adaptados a realidades muy diferentes. 

Las valoraciones recibidas después de la jornada nos han confirmado que estamos trabajando sobre una necesidad real. Los participantes destacaron el enriquecimiento que supone conocer experiencias internacionales, pero sobre todo la posibilidad de compartir perspectivas entre sectores que a menudo trabajan de manera separada. También nos pidieron más espacios de encuentro, más tiempo para el debate y una participación todavía más amplia de profesionales, personas usuarias y agentes comunitarios. 

Ahora el reto es pasar de la reflexión a la acción. Queremos continuar escuchando, aprendiendo y construyendo complicidades para definir un modelo propio, adaptado a la realidad catalana. Un modelo que refuerce los derechos culturales, impulse la colaboración entre los ámbitos cultural, social y sanitario, y permita que muchas más personas puedan vivir la cultura como aquello que es: un espacio de bienestar, participación y ciudadanía. 

Esta es, sin duda, una de las grandes líneas de futuro de Apropa Cultura. Y queremos construirla entre todas y todos.