
Andrés Corchero presenta dos solos que pueden verse seguidos, en los que el hilo conductor es el paso del tiempo, la pérdida de un ser amado, la figura del padre y el deseo de vivir. La primera pieza, Camí de silenci, fue creada en 1995, unos años después de la muerte de su padre, y se representará tal como era originalmente. Padre, el segundo solo, es la búsqueda de la transcendencia de los roles generacionales.
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