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Todos tenemos un lado luminoso y un lado más oscuro, y Brigitte Bardot nunca tuvo miedo de ahondar en sus contradicciones. La actriz parisina, criada en un ambiente severo y burgués, deslumbró al mundo con su belleza y una actitud libre poco común en la época. Bardot llegó a las pantallas en una triste Europa de posguerra, y su carisma hizo meteórico su ascenso. En 1973 se alejó de los focos, los paparazzi, las revistas del corazón y la vida mundana, y eligió el activismo medioambiental y la defensa de los derechos animales. La codirectora del film consiguió, tras mucha insistencia, el encuentro en persona con Bardot, que murió pocos meses después. La palabra ‘icónica’ está desgastada, pero en las imágenes de este documental vemos exactamente eso: una mujer-símbolo, una deidad laica, la efigie de la Francia sixties.
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