Marcos Pereira: "Para que un espectáculo sea inclusivo debe serlo desde la germinación del propio espectáculo"
Retrato de Marcos Pereira.
Marcos Pereria es actor y bailarín sordo. Con una consolidada trayectoria en artes escénicas, también participa en jornadas y encuentros de inclusión y accesibilidad compartiendo su experiencia.
En Acerca Cultura Madrid tuvimos la suerte de contar con él en nuestra II Jornada de Buenas prácticas culturales en inclusión y accesibilidad, que tuvo lugar el 27 de noviembre de 2025 en Madrid.
En esta ocasión, hablamos con él sobre inclusión y accesibilidad en artes escénicas y desafíos para conseguir una cultura inclusiva de verdad.
- Eres actor y bailarín. ¿Cómo ha sido tu camino hasta llegar al teatro profesional teniendo en cuenta todas las barreras que hay para personas sordas en la sociedad?
Es verdad que desde muy temprana edad me empecé a dedicar a las artes escénicas, pero de una manera bastante, por decirlo de algún modo, inocente y sin ningún tipo de objetivo como artista profesional. Todo empezó como una forma de adquirir herramientas sociales y de comunicación, debido a la discapacidad, en una escuela de barrio, como un hobby y como algo para tener más recursos.
Sin embargo, se empezó a convertir en el motor, en el epicentro de mi vida, cuando empecé a descubrir que ese hobby podía ser una vocación y una profesión como tal. Y desde muy temprana edad ya decidí que me quería dedicar a esto profesionalmente, a poder acceder a la RESAD, lo mismo con el Conservatorio de Danza.
Como empezó desde muy temprana edad, con 6 o 7 añitos, creo que nunca fui consciente al cien por cien de las dificultades y las barreras que podía tener como persona sorda en la sociedad. Es verdad que empecé a tomar conciencia de ello cuando me presenté al conservatorio de danza con 11 años. Al final una profesión como la danza y una persona sorda, había que valorar muchas cosas. Ahí empecé a notar cómo los docentes en las pruebas de acceso debatían entre ellos, o cómo negociaban o intentaban buscar las formas de poder hacer accesible e inclusiva la formación.
Y ya luego en la RESAD fui la primera persona con discapacidad auditiva que se presentó a esta institución y desde un principio hubo sus cuestionamientos y adaptaciones para ver cómo hacer que una persona sorda puediera tener las mismas herramientas y la equidad dentro de esta formación.
Luego, a nivel profesional, todo ha venido un poco dadas las circunstancias y dadas las personas que aparecen en momentos concretos de nuestra vida. Es verdad que cuando entré en 2016 a la RESAD, yo no concebía que mi carrera profesional iba a estar tan ligada a la accesibilidad y a la inclusión, o que la apuesta por elencos y por propuestas accesibles e inclusivas fuera de repente algo habitual en las programaciones.
Han pasado 10 años y ha habido un cambio muy grande. Sigue faltando cambio, pero las cosas están por el buen camino. Y desde ese momento, es verdad que casi todos mis proyectos han estado ligados a personajes con discapacidad o proyectos que desde su origen, desde su creación, tenían sobre la mesa la accesibilidad y la inclusión.
Ha venido todo rodado de una manera muy natural y evidentemente hay un esfuerzo. Hay una presencia y un querer estar en esa rueda constantemente. A veces es muy difícil porque esta profesión no es nada estable y si a eso le sumamos el tener una discapacidad, creo que hace que sea más complicado, porque no hay tantos papeles y no hay tanta visibilidad todavía de las personas y los artistas profesionales con discapacidad dentro de las artes escénicas.
- Muchas veces se habla de accesibilidad como objetivo finalista, pero no siempre se tiene en cuenta que el objetivo es la inclusión real. Desde tu experiencia, ¿qué diferencia hay entre un teatro accesible y un teatro verdaderamente inclusivo?
Para mí un teatro accesible, sin más, es aquel que cuenta con las medidas de accesibilidad necesarias para que el espectador con discapacidad pueda recibir la misma información que el público: si hablamos de sordera, en este caso para el público oyente, si hablamos de ceguera, para el público vidente.
Este tipo de teatro tiene buena intención, hay un buen hacer y está bien conseguido. Están logradas estas medidas de accesibilidad, pero sigue generándome a nivel personal un distanciamiento real y una diferenciación entre la dramaturgia y lo que pasa en escena y las medidas de accesibilidad.
Lo que para mí es un teatro verdaderamente inclusivo es aquel que desde su origen, en los primeros pasos de creación escénica, entra la accesibilidad. Desde el momento en que se reúnen los equipos artísticos para hablar tanto de vestuario, escenografía, audiovisuales, luminotecnia y todos los demás ámbitos. Así dan cuerpo a un proyecto desde la accesibilidad y las medidas de accesibilidad.
Para mí un proyecto 100% inclusivo es aquel que mete dentro del proyecto la accesibilidad y sus medidas como una capa dramática más. Aquí es verdad que entra un poco el conflicto con cuáles son las normas que rigen que un espectáculo sea 100% accesible y el utilizar esa accesibilidad como elemento dramático hace que se puedan desdibujar esas normas.
Por ejemplo, en un espectáculo tú puedes hablar o cantar en otros idiomas. La norma que rige las medidas de inclusión son que, en este caso, se ponga entre paréntesis el idioma en el que se está cantando, por ejemplo, pero el subtitulado esté en castellano. ¿Cómo se trasladaría esto a una capa dramática accesible e inclusiva desde mi punto de vista? Realmente lo que queremos hacer es darle la misma información al espectador con discapacidad que al espectador que no tiene discapacidad, entonces para mí en este caso sería muy importante, por ejemplo, si estamos cantando en francés, que el subtitulado aparezca también en francés. Esto da una igualdad de condiciones a todo el espectador, ya que puede haber gente entre el público que sepa francés y pueda traducir esa letra para ellos, pero hay gente que no sabe francés, simplemente disfrutará de ese canto en francés sin saber qué están diciendo, pero por el contexto pueden sacar la información. Pues para el público sordo debería ser del mismo modo.
Es un caso bastante particular, pero puede ser también como el uso de los subtítulos de manera activa dentro de la obra, dentro de su propia puesta en escena. Que no sea el sobretítulo sin más, sino jugarlo de manera activa con diferentes tipografías sobre los escenarios. Entonces es verdad que entra un poco en conflicto con las normas, pero es lo que para mí sería realmente un espectáculo inclusivo: que desde su origen, su germinación del propio espectáculo y de esa puesta en escena, la accesibilidad sea una capa dramática más.
Y evidentemente, contar también con que dentro del elenco haya personas con discapacidad, no solamente cuando la discapacidad sea una de las temáticas de la pieza, sino como parte de la sociedad existente y de querer plasmar cuál es la realidad de esa sociedad sobre unas tablas. Eso hace que también el elenco pueda ser diverso en ese aspecto y mostrar las realidades de la vida cotidiana sobre el escenario.
- Has defendido que los actores con discapacidad pueden interpretar cualquier tipo de personaje. ¿Qué crees que falta para esta realidad esté más extendida en el teatro?
Para que los actores con discapacidad puedan interpretar cualquier tipo de personaje no es que falte algo, sino que se decida apostar por ello. Que las producciones, que las cabezas pensantes, que los directores, que los guionistas, que los dramaturgos, que todas estas personas encargadas de crear personajes, de generar historias, tengan la conciencia de que una persona con discapacidad puede interpretar roles que no vengan solamente condicionados por su discapacidad.
Porque al final el teatro es un reflejo del mundo. Y en el mundo hay psicólogos sordos y hay médicos también con discapacidades auditivas. Cualquier profesión puede tener personas también trabajando en silla de ruedas, con pérdida visual, ceguera parcial o total. Independientemente de la discapacidad que tengas, en tu día a día te encuentras a muchísima gente en muchísimos ámbitos y muchísimos trabajos que tienen cualquier tipo de discapacidad.
El teatro debería también tomar un poco esa apuesta y defender esa diversidad social también en sus teatros, porque cualquier personaje —evidentemente dentro de sus limitaciones físicas, sensoriales, motrices—, puede ser también interpretado por una persona con discapacidad. Que incluso eso puede hacer que le dé otra profundidad diferente a su historia, a lo que quiere contar o a la propia dramaturgia que se quiere plasmar en esa puesta en escena.
Más que faltar, lo que creo que hace falta es un cambio en el paradigma, un cambio en la conciencia de estas profesiones que he mencionado al principio, encargadas de generar y crear historias, y normalizar que dentro del teatro hay cabida para todo tipo de artistas, independientemente de si tienen o no tienen discapacidad.
- Como actor sordo, ¿cómo influye tu forma de percibir el mundo en tu manera de interpretar y construir personajes?
Como actor sordo, mi forma de percibir el mundo a la hora de interpretar o construir personajes, varía dependiendo del proyecto y del ámbito. Lo resumo un poco: el ejemplo más claro es mi primer proyecto profesional en el Centro Dramático Nacional con Julián Fuentes Reta, la obra de Tribus.
Mi personaje también era sordo, pero tenía una peor dicción o no recibía los estímulos auditivos como yo, entonces ahí el trabajo era parecer más sordo todavía. Fueron imporantes técnicas o métodos para poder trabajar sin los audífonos, un trabajo de técnica vocal para empeorar la dicción... Todo esto hizo que se generaran unas dinámicas de trabajo diferentes a las que se podrían dar con el Marcos que es en el día a día. Se generaban muchas dinámicas que hacían que luego se modificara la forma de comunicarse con el personaje y así se generaba una realidad de cómo es en ese escenario.
O en otro ámbito muy diferente, en el mundo de la danza, con mi pieza de Sísifo contemporáneo. En esta pieza trabajo diferentes códigos, tanto la danza contemporáneo como la lengua de signos como elemento dramático también, utilización de la voz en off y recursos lumínicos.
De ese modo lo que pretendía también era poder suplir las carencias de la audición con una voz en off que me pudiera guiar según avanzara la pieza, ayudándome con la lengua de signos o las referencias visuales. Simplemente es buscar los recursos y las maneras de que tanto los personajes que se construyen o el transcurso de la pieza puedan ayudarme a estar en igualdad de condiciones, más o menos.
- El acceso a la cultura es un derecho, pero todavía hay poca oferta accesible y menos oferta accesible universalmente. ¿Qué demandas tu y qué reclamas a las entidades culturales para que puedas ejercer tus derechos?
Con la poca oferta accesible que hay, lo que demando es algo tan sencillo como que se aplique el Real Decreto que marca cómo debería ser la accesibilidad y la inclusión en los espacios artísticos para que el público pueda acceder a ellos en las mismas condiciones y que exista esa equidad.
También me gustaría hacer un poco de hincapié en que ese reclamo que hago como espectador me gustaría hacerlo también como intérprete a la hora de que los espacios puedan programar propuestas accesibles e inclusivas con elencos con discapacidad dentro de esa programación habitual con una mayor frecuencia.
Pero el resumen es que todo lo que se está recogiendo en ese Real Decreto se haga realmente en todos y cada uno de los espacios —en este caso teatros o museos— de cualquier índole artística y cultural. Porque al final, cuando se nos limita a dos o tres días concretos dentro de la programación habitual, muchas veces las personas con discapacidad tenemos que readaptar o hacer encaje de bolillos en nuestros compromisos en el día a día para poder ir a ver espectáculos que queremos ver y que la mayoría de las veces no podemos porque las fechas no nos vienen bien o no tenemos la libertad de poder ir el día que queramos como cualquier persona sin ninguna discapacidad.
- ¿Qué te gustaría que cambiara en el sector cultural en los próximos años para sentir que hay avances reales en la inclusión de todas las personas?
Creo que hay muchas cosas que me gustaría que cambiaran en los próximos años, pero así a bote pronto, sería:
- Que la accesibilidad fuera en todas las funciones de todos los proyectos presentados en temporada.
- Que la accesibilidad e inclusión se piensen desde un primer momento en los proyectos y no como un añadido externo.
- Que dentro de cualquier proyecto se nos pueda integrar en los elencos para vestir la piel de cualquier personaje de diferentes características, ya sean físicas o psicológicas, y no solamente con personajes con discapacidad. Porque eso hace que nos veamos denigrados a solo poder interpretar los roles de los personajes que tienen una discapacidad. ¿Porque quién nos dice que no puede existir un Calibán que tenga síndrome de Down, un Segismundo que sea sordo, una Madre Coraje ciega o un Vladimir autista que discurre con un Estragón con movilidad reducida mientras esperan a Godot?
Entonces ese creo que es el modelo que hay que seguir: no incluir a personas con discapacidad porque toca y hay que ponerse la medallita, sino porque sin esa diversidad el arte está incompleto.
También me gustaría que en un futuro toda esta accesibilidad no se piense al final del proyecto, sino que esté desde un principio: que se integre en los presupuestos, en las dramaturgias, escenografías, en la comunicación con el público... que se integre en los espacios, que las instalaciones ya cuenten con ello, porque eso al final es una inversión que se amortiza con el tiempo. Es una inversión que ya tienes ahí, que no tienes que estar quitándola y poniéndola. Puede ser un gasto grande, sí, pero es un gasto que haces solo una vez.
Estos son cosas que estoy rescatando un poco de la charla que di con vosotros en noviembre, pero me parecía muy interesante. Y me gustaría añadir lo que digo también aquí en esta charla al final:
"El horizonte de las artes escénicas no se puede limitar a lo conseguido, sino que exige imaginar nuevas formas de encuentro donde la accesibilidad y la creación convivan sin fisuras aportando y retroalimentándose mutuamente. Ya sé que puede considerarse algo utópico, pero es posible porque ese es y debe ser el teatro que está por venir. Porque el arte está vivo, es reivindicación, es transformación, es exploración y es un espacio donde todas las voces tienen sitio y son escuchadas. El arte no es excluyente, todo lo contrario. No hay nada que tenga más poder que unificar tanto a una sociedad que el arte. Ese escenario que aún lo veo un poco imaginario, donde la inclusión deje de ser una meta o una norma a cumplir, pasará a convertirse en esencia".
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